Vodka Tónica.
He mirado por la rendija de los placeres
acomodando la tibieza de las palabras
calcadas en el aroma de un vodka tónica
que se perfuma en los paladares
y conjuga la complicidad de ese beso
que teje y zurce umbrales de lujuria
atravesados con el sudor
para mirarnos sin versos en las lenguas
terminado ese último cigarrillo
antes de correr desesperado
por los poros buscando los gemidos
que gritan furibundos las siglas del deseo.
He mirado por la rendija
y los techos fermentan con nuestros alaridos,
crecen bosques de tu boca
y volcanes de la mía
¡ Crecen promesas de tus fantasías
Y una duda en mis promesas!
Otro vodka tónica tendrá la medida
para suspirar después del baile
que se desató clandestino
desde una rendija atrapada en la mirada.
Sudor.
Desde este ojal tan mía
aferrada a mi sombrero esta noche,
a mi instantáneo sudor
vociferado al tuyo
y enmarañando a tu abdomen
Mafiosa
Acércate mafiosa de las sábanas de seda,
soberana de los moteles,,
emperatriz de los perfume frutales
y de la ropa íntima negra
en mis horarios libres.
Acércate traficante de bendiciones lascivas
adicta del anárquico pudor, del vaivén y del fuego.
Hechicera de estos versos concluidos en tu pubis
y que renacen con el calor de las sílabas
que imploran más entre cortinas rojas
sostenidas en las infinitas ganas
de nuestros cuerpos adictas
a los fervientes alaridos.
Otros Brebajes.
¡Que sombra aparece por tu perfume
a esa hora exacta
donde el mundo se equilibra en tu seno
y recorre osado cada susurro nacido en ti!
¡Que sombra se ha marcado en tu silueta
en ese equinoccio de anillos
que se insolenta en tus caderas
y perdura sonámbulo en tu piel
buscando a velas cada momento de locura!
¡Que sombra a parido tu misterio
mientras indago el sabor de tus pechos
y hago soberanía con mi paladar en tu abdomen
hasta beber perdido de tus muecas
que sostiene el glamour del clímax!
¡Que sombra se ha radicado en tus lunares
en tu abismo de musa suicida
de los escondites embriagados a media noche!
Otra cerveza,
Otra cerveza… Otra cerveza…
… Estamos ebrios… Dominados
Por esa cuerda,
por ese delirio
y la música.
Otra cerveza…
…Otro deseo,
otro desequilibrio
y caemos
al fondo del manjar
lustrando nuestras pieles
con las yemas.
Zonas…
Zonas… Placeres…
… Esa hostia que ruega
en el festín de la lujuria
y saborea el nombre
ultrajado de la decencia
y esperando que las bocas
se sacien de hurgar por los polémicos
sitios de las explosiones
donde la sangre hierve
sin conciencia
manchando el hasta luego
con promesas de más.
En sombra y lujuria.
Y de este espejismo
podemos anclar la fiebre
que silba voraz desde tu escote
alojándose en el fuego de tu abdomen
donde el tiempo ruge veloz
hurgando esas marcas que han amado,
esas marcas que aumentan el hambre
entre polos que nos juntan
en el ecuador de un gemido
dividiendo al mundo en sombra y lujuria.
Paisaje
Sostén el paisaje
de esa arma sólida
que llama a gritos
un brindis nacido
en el umbral de un océano
que se acuna en sonrisas
algo confabuladas esta noche.
El cuerpo del deseo.
El cuerpo del deseo…
…¡Amén!...
Comulguemos de este placer
que nace de las pelvis
y nutre furibunda
ese pecado
de aullido dispersos
en la escena
que se despeina
atropellador por tus piernas…
…El cuerpo del deseo…
…Amén…
…Continuamos…
Es parte del juego…
De ese macabro plan
que enciende la certeza.
Es parte del fuego
y huyo despacio por los pétalos
de tus pechos…
Huyo despacio
hasta tu ombligo
y relincho
al norte de tus rodillas
rasgando las ligas
con el pudor envenado con tus gemidos
y me dices es parte del juego
y te respondo es parte del fuego y continuamos…
…Continuamos…
…Continuamos…
…Continuamos…
La música y la explosión
(ansia y pudor)
La música, la explosión
de ese sorbo que tensa al brindis
y me conduce al recoveco
que deja tu perfume de repostería.
La música, la explosión
que busca tanteando emociones
por las persianas
que deciden la verdad
de ese mañana de carne,
truenos y súplicas,
donde el verbo es el caos
que conjuga arrebatos
en este cóctel de adrenalina
y ropas arrojadas al abismo.
La música, la explosión,
la desnudez calcada
en la amplia escena,
el hambre, el sabor,
el pacto en el gemido
de regresar en ansia y poder.
Piel.
La piel…
El exceso de tráfico
en las caricias
que intentan penetrar
en el abismo y la piel.
Los versos apetitosos
donde las venas arden
en tempestades furiosas
de sal y alaridos
que nos mezclan en ese sabor
de cigarrillos y tragos
dejando la piel a la deriva
del tacto insaciable
que ruega fiestas
en esa locura
que instauramos
como nuestra.
Revolución
Revolución entre las sabanas
y la música de tus pasiones.
Revolución entre tu pelvis
y esos gemidos pactados en silencio.
Revolución entre las copas
y los festejos a escondidas.
Revolución en tus pechos
derramados de éxtasis y muecas.
Revolución en las cascadas y los besos
que chispean en el delito.
Revolución en el morbo y las casualidades
De ese amén saboreado en lo clandestino,
Revolución a quema ropas…
REVOLUCIÓN…
HAMBRE…SED…
REVOLUCIÓN…
Escote.
Se va marcando ese abismo
bajo la ignorada gargantilla
que baila en tu cuello,
nace la precisa marea
que socava una apetitosa
dimensión en tu seno.
Se proclama extasiada
la ranura en “V”
que domina al éxtasis
en dos pueblos circulares
donde cuelgan las miradas
que añoran radicarse
para descubrir cada calle y recoveco.
Sorbos de margarita.
Todo gira, aves desnudas,
mujeres acróbatas repletas de éxtasis,
luces sicodélicas,
todos hablan,
todos bailan.
Observo a la rubia
que bebe su margarita,
sólo me dedico a consumir
ese cigarrillo
que poseía la valentía,
me asomo en la locura
y alzo mi fe cabalgando
en maniobras de fuego,
le ofrezco plática,
ella acepta,
luego bailamos con frenesí…
… Ella aceptó un beso
que interrumpió su rutina
antes de beber el último
sorbo de margarita,
nos dejamos llevar
como expertos declamadores
de los placeres,
ella corrompió el ambiente
con palabras lascivas,
me subí al abismo
llevándola al cuarto del deseo,
fue perfecto,
alaridos y festejos a destajo,
ella proclamó a los dioses
y yo saboreé del néctar
embadurnado de su clímax…
…La verdad, nos despedimos
con un beso en la mejilla…
Me amenazas.
Me amenazas con miradas
y humedeciendo tus labios.
Me amenazas
con tu falda que dejas
tus comunes rodillas
susceptibles a mi tacto…
… ¡Me amenazas!…
Y paso el cambio de mi vehículo
aumentando la velocidad
y el transe,
Me domina el perfil
de champaña
que tienen tus ojos
y sujeto firme el volante
para no dislocar el rumbo…
Me amenazas con cada movimiento
que marca tus muslos,
no conversas y te dedicas
a cantar esa canción
que reproduce la radio,
tu blusa se transluce
en el diaporama que amplía
tus pechos en mi película
desabotonando la cordura
hasta oír
- Déjeme aquí,
Cuánto le debo
Por la carrera-
Desde ti he regresado a la frontera.
Desde ti he regresado a la frontera
a la lozanía de sentir la humedad
penetrante en mis venas,
al enjambre de los pasadizos cálidos
que hierven en la longevidad
de nuestras pieles cuando se zurcen
al bastión de fuego.
Algo viene de tu boca mi cuerpo levita con el roce,
que mis manos se perfuman al tocarte
y que tu piel nace el incienso.
algo posee tu espalda que el tiempo
no se ha radicado en sus raíces,
que tu cintura se ha convertido en la avenida
más transitada por mis labios
y en tus hombros se dibujan un par de cascadas
que descienden a tus brazos.
Algo tiene tu cabello que se alza
arremolinado en el aire
y que su fiesta plagia al ocaso
que se derrama en tu cabeza.
algo tiene tu rostro que no ceso
de contemplar tus mejillas,
que las vasijas de los segundos raptan
tu silueta en mi memoria.
Algo posee tu cuerpo impreso
en la geografía seductora.
Algo tiene tu cuerpo, ese garbo,
ese planear de pétalo,
de sangre y de vino blanco.
Desde ti he regresado a la frontera,
a ese manto de amaneceres
que se arrodillan ante la cima
del poema que canta a tu ombligo.
Algo poseen tus ojos, ese brillo,
ese lustroso laberinto
donde veo mis días retratados de campanas nuevas.
La enemiga de esta siesta.
Eres la enemiga
de esta siesta
y me interrumpes
como si fueses
un tornado de antorchas
que se despeina
en tu hambre
y rompe el viento
abatido de mi cuerpo
con la elegante
humedad de tus labios
con esa danza
que has aprendido
en mi hoguera.
Caer las hojas.
Veo caer las hojas,
el temblor de mis días
inyectados desde una ventana
leyendo páginas calvas que relinchan
con el divagar de mis ojos
que lamen la nostalgia de no verte
entre mi humo y mi café matutino.
¡Podrías desaparecer entre las hojas
que se desvisten antes mis ganas
de aterrizar en tu abdomen
y murmura con el perfume endiosado
que emana de tu pelvis!
¡Podrías desaparecer, perderte entre las tazas
manchadas por el café que habitan sobre mi cómoda!
¡Podrías desaparecer,
perderte entre las colillas de cigarrillo
que reposan sobre el piso de mi habitación!
¡Podrías desaparecer, perderte entre el frío de mayo,
perderte entre la lluvia de mayo!
¡Podrías desaparecer, perderte en mis poemas,
perderte en mi boca que hurga
atropelladora por tu cuerpo!...
Veo caer las hojas, tus pisadas desentendidas
¡Por qué no puedes hablar!
¡Por qué tu cabello ondulado se cuelga en mi camino
con un secreto pacto que reverbera en mi acento!
Y te haces única, indeleble en mi sombrero
que atora tus gritadas palabras.
Veo caer las hojas,
¡Podrías desaparecer entre mis versos
o en mi sangre!...
La intimidad de tus ropas íntimas.
Ahí estás, frente a mí,
con la piel en el abismo
cubierta por el glamour
de íntimas prendas que dejas lucir
antes la impávida sed
de ese negro matiz
que sólo cubre la necesidad